Dios

Esa tarde sentí tanto dolor en mi espalda, que las lágrimas caían solas por mi rostro ya no servía el agua tibia o los masajes de mi madre, esa tarde cada fibra de mi columna parecía retorcerse, logrando que no pudiese mover mi cuerpo hacia ningún lado.

mi madre esperaba que llegará, mi padre por qué ya no sabía qué hacer para ayudarme y verme sufrir así le rompía el corazón en mil pedazos ¿como lo sé? , bueno no sólo por qué es la lógica si no por qué escuche la escuche por primera vez a orando, y le pedía a Dios, a ese que nunca le hablaba y tampoco decía nada de Él, le pedía entre sollozos que me ayudara y peor aún le pidió que mi dolor fuera de ella.

Ese día también intenté hablar con Dios pedirle que no me doliera más así mi mamá no lloraba escondidas y mi papá dejaba de estar en silencio, como perdido en si mismo, cuando me disponía a hacerlo entraron a mi habitación mis padres con un señor Domingo dijo que se llamaba, yo no quería conocer a nadie me sentía mal, pero mi mamá dijo que era doctor pensé “lo habrá enviado Dios”.

Anuncios

No saben

Llegamos a la casa, mi madre dudo antes de tomar el teléfono para llamarle, sabía que el se desesperaría más que ella, por la nula respuesta del doctor, frente a lo que le pasaba, pero aún así le marco a su trabajo en menos de un segundo la voz al otro lado, mi madre trato de explicar lo poco que hizo el mata-sanos, solo un par de suspiros de parte de mi padre fue cuando pensé en mentir y decir que ya o me dolía, trate de idear un plan para hacerle ver que todo había pasado lo único que no podía resolver era el como ocultaba el dolor incesante que me embargaba aunque valía la pena para no ver llorar más a mi madre, ni ver preocupado a mi padre, aunque ellos también mentían cuando sonreían al mirarme pero a puerta cerrada mi mamá lloraba y mi papá la regañaba por hacerlo, creo que no eran los mejores enseñando a fingir.

Colgó el teléfono, camino unos pasos y me preparo un pan con palta y queso y una leche con chocolate, la espere en la silla sin moverme mucho para que mi espalda no doliera, mientras la observaba le

Sonreía cuando me miraba, trataba de alguna manera de que se sintiera bien, no se si lo conseguí, comí mi merienda callada mientras ella apoyada en el mesón fumando un cigarro miraba por la ventana los techos de las otras casas del Cite no sé que buscaba ahí pero sus ojos no se movían en ninguna otra dirección, parecían dormidos frente a la ventana.

Emocionada

Y por fin este 8 de septiembre recién pasado, lanzamos #fragmentosdeti esta novela que salió de mis entrañas, donde pude plasmar sentimientos que me embargaron durante años y que hoy son una historia cubierta de lugares y vivencias.

Ese viernes a las 19:30 en el restaurant Eskenazo en Pirque compartí con más de 60 personas la emoción de nuevamente ser publicada, por mi querida editorial Gerencia Literaria y obvio mi amigo y editor Ernesto Guerra, donde pude contar por qué lo hago y por supuesto de presentarles a Liliana, Dolores y Amalia mujeres fuertes que remarcan la historia que quise contar, así que con el corazón lleno de orgullo y emoción los invito a disfrutar de esta novela que pueden encontrar en Amazon.com , además a través de este libro podrán luego descubrír en dos más lo que ocurre con estas mujeres y sus vidas.

No sabemos que tienes

Recuerdo que la casa no era mia, pero tampoco eran míos sus pensamientos se escondía bajo la alfombra varias historias sombrías de un pasado altanero y redundante, recuerdo también que mis pies descalzos colgaban de la silla, mientras miraba a mi alrededor los movía para ilustrar ese recuerdo.

La puerta era blanca, pero de ese blanco con el que pintan los colegios, brillante y traslúcido, pulcro. Mi madre hacia puzzle de una revista vieja que estaba en una mesita antigua junto a su asiento, parecía sentir placer cuando descubría la palabra correcta, yo la miraba y pensaba ¿como es que sabe tantas palabras?, me maravillaba escucharla contar de sus viajes, pero ese día estaba silenciosa como si no quisiera decirme nada importante, algo que me inquietaba sin entender que lo sentía.

Dijeron mi nombre, mal pronunciado como siempre pero acompañado de mi apellido así que asumí que me tocaba, no podía caminar sola el dolor en mi espalda era insostenible, mi madre dejo todo lo que tenía en las manos colgó si cartera apresurada y me subió a sus brazos, mi madre no es muy alta por lo que mis pies tocaba sus rodillas.

Me recostaron en una camilla el doctor me hizo chequeo de rutina, mi madre con ojos de angustia esperaba una respuesta certera era el quinto medico que visitábamos y a mi el dolor me comía.

Me hizo sentarme me costó muchísimo pero más aún me costó pararme cuando me dio la orden de hacerlo, cuando lo logré el empuñó su mano , la puso sobre mi coronilla y con la otra golpeó hacia abajo como martillando sobre mi, sentí que algo se quebraba en mi espalda y una sola lágrima salió de mi, no pude emitir palabra solo escuche a los Leonor al maldito diciendo “no sé que puede ser, cancelé en la entrada”.